• Alfonso

¿Dónde están los defensores de la libertad?



El siglo XX fue el más exitoso en la historia de la humanidad. Bajo cualquier métrico: crecimiento económico, niveles de pobreza, expectativa de vida, niveles de educación, etc. El progreso científico y económico no tiene comparación en esta época. Y a pesar de las guerras mundiales, el mundo era un lugar más pacífico y más igualitario que en siglos anteriores.


La razón es muy sencilla. Es el siglo en el que triunfó el pensamiento liberal. Y me refiero al pensamiento liberal original; el de libertad política de Thomas Jefferson y económica capitalista de Adam Smith. El individuo es la entidad más importante de la sociedad y el gobierno debe existir para garantizar sus derechos.


El pensamiento liberal floreció en el siglo XX. Jefferson y Smith inspiraron a personajes como Ronald Reagan, Milton Friedman, Gary Becker, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Karl Popper; estos dominaron los debates y aplastaron el pensamiento colectivista. Hacia finales de los años 90s con el final de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, Europa aprendió que el libre comercio y la integración económica son la mejor arma para evitar guerras.


El problema es que los pensamientos colectivistas no tienen una sola imagen. Se saben vender desde la izquierda con ideas socialistas en el que se plantea la necesidad de una "justicia social". Y desde la derecha con pensamientos nacionalistas de repudio al inmigrante y una vuelta a un pasado 'glorioso'.


Los colectivistas supieron infiltrarse en las filas democráticas. América Latina está llena de ejemplos. Pero también los hay en Estados Unidos. Hoy en día, los miembros del partido demócrata se auto-denominan liberales. Y algunos en el partido republicano también dicen llamarse 'defensores de la libertad'. No lo son. Ambos partidos son colectivistas. Uno desde la derecha. El otro desde la izquierda. Uno prioriza a las minorías, el otro a la nación. Ninguno al individuo. Ambos buscan mayor poder y aumentar el tamaño del estado.


¿Cómo llegamos aquí? El pensamiento liberal cayó en un estado de auto-complacencia. Se pensó que los resultados hablarían por si mismos y se menospreció la elocuencia y capacidad de los populistas para organizarse y presentar plataformas fundamentadas en sentimientos y no en hechos.


Lo que sigue es defender este pensamiento desde nuestra trinchera. No tenemos a Ayn Rand, Buchanan, Amartya Sen o Thomas Sowell para que dominen el debate y defiendan los principios de la libertad. Tendremos que hacerlo nosotros mismos.


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