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  • Alfonso

La ira de Messi



Leo Messi siempre fue el niño bueno de la película. Su principal antagonista, Cristiano Ronaldo, el malo. Messi logró su éxito con talento y habilidad como punto de partida. Cristiano, su superioridad física. Messi, su trabajo colectivo. Cristiano, su individualidad. Messi tiene esa fachada de chico serio, silencioso e introvertido.


Messi ganó todo. Bueno, casi todo. Le falta ganar un mundial. Ha jugado cinco mundiales y cientos de partidos trascendentales con su selección y clubes. Es el campeón de América. Ganó el Balón de Oro en siete ocasiones y ganó la Champions League de Europa. Es una de las personas más conocidas en el mundo. Pero si crees que ya habías visto todas las facetas del jugador del París Saint Germain, te equivocas. En Qatar le ha dado rienda a su ira, a su lado oscuro.


En Qatar se encuentra el trofeo que le falta. El único que necesita en su palmarés para ser catalogado como el GOAT (el mejor de todos los tiempos, por sus siglas en inglés): la copa del mundo.


La obsesión por ganar el mundial despertó en Messi una ira pocas veces vista. Quizás por allí en alguna ocasión tuvo un episodio de ira con el entonces entrenador del Real Madrid, José Mourinho.


Todo comenzó en el partido ante México. Tras perder su primer encuentro ante Arabia Saudita, la selección de Argentina enfrentaba una situación crítica ante una posible eliminación en caso de una derrota. Medios y celebridades mexicanos acusaron al ex-estrella del Barcelona porque al finalizar el encuentro se hizo viral una imagen y vídeo pisando la playera de 'El Tri' tras su triunfo 2-0. Todo el acontecimiento terminó en un “mal entendido”. Así es, todos los grandes villanos y genios son incomprendidos.


Días después, el jugador polaco, Robert Lewandoski, le ofreció a Messi la mano tras una falta cometida casi al finalizar el partido. Leo Messi lo ignoró por completo. Pareciera no ser gran cosa, pero quienes han seguido su carrera, sabemos que no suele actuar así.


En los cuartos de final, envuelto en una ola de acosos verbales frente a los jugadores neerlandeses; se paró frente al entrenador Louis Van Gaal; quien es uno de los más grandes entrenadores de la historia, con sus manos en las orejas como diciendo “no te oigo”. Al finalizar el partido, con la superioridad de quien se sabe triunfador, despachó a un jugador rival con la ya emblemática frase “¿Qué mirás? bobo” frente a las cámaras de televisión.


Su actitud descarada y enfadada lo siguió en la semifinal contra Croacia. Sin regalar nada y respondiendo a los comentarios del entrenador croata “Messi casi no corre"; Messi corrió y encaró como nunca. Dominó el partido de principio a fin. Y Argentina se impuso 3-0 al subcampeón del mundo.


Messi dejó su lado bueno en casa. Hoy es el chico malo. Es Thanos, Darth Vader, Lex Luthor. Es el rival a vencer. Sacó a flote esa actitud que caracteriza a los argentinos y dejó de lado esa actitud de niño mimado del Barcelona. No tiene nada qué demostrarle a nadie. Parece que lo entendió finalmente a sus 35 años. Su obsesión es el único trofeo que le falta. Y cualquiera que se le atraviese se convierte en enemigo mortal.


Ya casi no tiene a nadie enfrente. Bueno si tiene, nada menos que los campeones del mundo: Francia y su joven super-estrella de 24 años, Kylian Mbappé. O mejor dicho: Iron-Man, Luke Skywalker, Superman. Nada más que ellos.


Están advertidos.



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