• Alfonso

Nos hemos vuelto suaves como sociedad y eso es bueno


Uno de los gustos que tengo es sentarme en un café a leer y escribir. He descubierto que es un método muy bueno para concentrarme en una tarea al mismo tiempo que disfruto de Wi-Fi gratis y conozco gente nueva.


El día de hoy, un muchacho de unos 25 años se irritó porque "no le pusieron chispas de chocolate negro y mentas a su te verde frapuccino". Se trata de una bebida de unos $6 dólares (y mil calorías). Su descontento era visible, sin ofender a nadie ni causar una escena pero sí con la cara de alguien insatisfecho. ¿Exagera? 


Veamos. Cuando pagas ese monto de dinero, tienes el derecho a quejarte como consumidor. Esa es la ventaja del sistema capitalista. De hecho, el precio es lo de menos. Te puedes quejar aún cuando hayas pagado $1. Se trata de un intercambio voluntario ($6 dólares a cambio de un te verde frapuccino con chispas de chocolate negro, menta y crema encima).


Se paga un precio a cambio de un producto y servicio. Si una de las dos partes falla su parte del acuerdo, la otra tiene derecho a reclamar o cancelar el intercambio. Si el precio es demasiado alto, el consumidor no lo compra. Si el precio es demasiado bajo, al establecimiento no le convendría la inversión, mano de obra, costo de inventario, costo de las licencias e impuestos.


Mi punto es que los problemas de las sociedades libres son "problemas de ricos". Las personas en esta sociedad se vuelven relativamente suaves al quejarse por "cosas sin importancia". El problema de la abundancia es preferible al problema de la escasez.


Lo importante es no perder el piso y dar esa abundancia que brinda la libertad por sentada. Es muy fácil caer en la tentación de elegir políticos que ofrecen "frapuccinos de te gratis para todos" o "el gobierno debería preparar el te" o reclamar "controlar el precio del te" o "un impuesto especial para los ricos que toman frapuccino". La libertad es difícil conseguirla y muy fácil perderla.




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